Reseña: “I’ll Be Gone in the Dark” de Michelle McNamara

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Diseño de portada por Sarah Brody
Fotografías de portada © Ed Freeman/Getty Images (casa); © Kues/Shutterstock (textura). Foto vía: HarperCollins

I‘ll Be Gone in the Dark: One Woman’s Obsessive Search for the Golden State Killer (2018) es la obra póstuma de Michelle McNamara, escritora e investigadora, quien ganó fama por denominar al Golden State Killer como autor de centenares de violaciones y asesinatos en el Estado de California durante los últimos años de los 70 y parte de los 80.

Nuestra fascinación con la muerte y los espacios más oscuros de la actividad humana no son un tema nuevo de discusión. Parte de poseer algo conlleva la consciencia de su ausencia, es parte de la naturaleza humana. Una casa no tendría significado si no tuviera una ventana desde donde ver el mundo del que nos guarecemos. Las narraciones de crimen abren una oscura puerta hacia un mundo en donde las más temibles pesadillas son posibles.

El fenómeno del asesino en serie, los mecanismos para su detección y captura, son la nueva encarnación del voyerismo que ha habitado la tradición oral, literaria y periodística de toda sociedad. Por muchos años se ha enmarcado al asesinos serial como el subproducto (no deseado) de la civilización Moderna: industrial, capitalista y liberal. Una definición originada y sesgada en favor del occidente desarrollado. La consigna es clara: el asesino en serie es una aberración de un sistema que ha erradicado el crimen, mientras que el mundo subdesarrollado tendré que continuar lidiando con el crimen tradicional.

La cultura occidental ha diseñado los productos necesarios para crear un imaginario para integrar la figura del asesino en su sociedad. La novela negra, el noticiero televisivo, la nota roja, entre muchos otros, conforman un corpus de material cultural que ha sofisticado la presencia de este tipo de violencia en las sociedades desarrolladas.

Uno de los formas más interesantes es la generación de estaciones virtuales (internet) para la discusión e investigación de asesinos en serie. Michelle McNamara ingresa al caso del Golden State Killer de esta forma. Estos foros y sitios web en donde aficionados comparten teorías e información sobre crímenes añaden una nueva capa a la función social del asesino en serie. El público ya no observa pasivamente sobre noticias sobre los incidente: ahora puede ser una participante activo en su aprehensión.

¿Podrá un simple ciudadano contribuir en el trabajo que generalmente es trabajo por equipos especializados? En el caso de McNamara pudo, a través de fuentes de información abiertas al público y entrevistas realizadas por iniciativa propia, la autora pudo vincular al menos tres supuestos asesinos que fin de cuentas resultaron ser uno solo. Puede ser que el caso de McNamara sea un caso atípico, sin embargo, la existencia de estos individuos que pueden dedicar su vida expuestos a los aspectos más indeseables de nuestra sociedad es algo extrañamente sorprendente.

La narración de McNamara está repleta de los recursos literarios de la novela negra, con el agregado de descripciones tan abiertas y francas que verdaderamente agotan nuestra indignación. Es un cliché pensar en el policía que lo ha visto y vivido todo, y que resulta difícil sorprender; la labor de McNamara nos explica de una forma más efectiva como los detalles sórdidos de un crimen tienen ese resultado.

¿Cuál será nuestro futuro como consumidores de estos productos? ¿Seremos desensibilizados de tanta muerte y violencia? ¿Aumentará nuestra empatía y nos involucraremos en erradicar estos adefesios sociales?

El libro de McManara tiene la habilidad de introducirnos a caso de gran complejidad, puede extraer de un centenar de entrevistas e información un narración coherente que nos lleve hasta el presente. En un libro cuyo tema es la muerte, quizá la más dolorosa es la muerte de la autora antes de haber finalizado el libro. El asesino del Golden State está aún prófugo, pero tendría ya 60 años y su campaña de asesinatos y violaciones ya ha terminado. Sin embargo, la carrera de McNamara estaba a punto de despuntar en un libro que definirá a una generación de aficionados de los libros de crimen. Por otro lado, el nivel de detalle y empeño de este libro hace difícil pensar que ella podría escribir otro libro como este: en cada página se siente que esta es la obra de una vida.

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